Vídeos, escándalos políticos

Carlos Monsiváis calificó de videoasta a Carlos Ahumada. El calificativo fue a manera de sorna porque Ahumada era un empresario de origen argentino. Fue, digamos, el primer personaje que grabó a -en aquel entonces- perredistas recibiendo dinero para completar la corrupción.

Aquellos perredistas eran y algunos siguen siendo del círculo cercano al, hoy, presidente.

Al presidente le interesa estigmatizar a los corruptos, y esto hay que celebrarlo, porque como bien lo dice “que no se vuelva a repetir”.

Sin embargo, en su gabinete sostiene a Manuel Bartlett en la Comisión Federal de Electricidad, quien dejó caer el sistema en 1988 cuando Cuauhtémoc Cárdenas le iba ganando en votos a Carlos Salinas de Gortari en la elección presidencial. Bartlett era secretario de gobernación y responsable del proceso electoral.

Salinas de Gortari siempre argumenta, a través de su libro, la publicación de las actas firmadas por representantes de partidos políticos demostrando que él ganó. Lo nunca menciona es el incendio en el Congreso Federal, ahí estaban los paquetes electorales, es decir, las pruebas reales donde perdería la elección.

Bartlett desde entonces ha conservado la viva descripción de la corrupción. Esta figura literaria arroja por tierra el discurso del mismo presidente cuando menciona que no existe la corrupción. Sigue tan vigente que el mismo hijo de Bartlett vendió a instituciones de Salud unos ventiladores a sobre precio e inservibles. Porque son por asginación sin licitación de por medio. Reina la corrupción.

Retorno a los vídeos de ex perredistas, algunos de ellos morenistas. De aquellos vídeos (2004) se recuerda a René Bejarano echándose fajos de billetes en las bolsas. Dinero que entregaba Ahumada a condición de que le asignaran obras. El cargo de Bejarano estaba en la secretaría particular del gobierno del Distrito Federal, el regente (así se le conocía) era Andrés Manuel López Obrador.

En el mismo año también se grabó a su secretario de finanzas, Gustavo Ponce, apostando fuertes sumas de dinero en Las Vegas.

Dos personajes tan cercanos realizando operaciones corruptas es casi imposible que su jefe no estuviera enterado e incluso hasta involucrado. Pero la política privilegia al de la cúspide y lo protege. El subalterno aguanta vara y guarda silencio. El hoy presidente no practica la corrupción pero la alienta cuando se entrega dinero directamente y se hacen compras institucionales sin licitación.

La corrupción campea.

AMLO se está vengando de Rosario Robles, porque en este año 2004 ella era la amante de Carlos Ahumada. Robles llevó los vídeos de Ahumada a la casa de Carlos Salinas de Gortari con supervisión de Diego Fernández de Cevallos.

Federico Döring, era diputado federal por el PAN y uno de los políticos audaces. A decir de Brozo (Vìctor Trujillo) se transmitió el vídeo, que había llevado Döring, en presencia de Bejarano. Es de pensar que Fernández de Cevallos le entregó las cintas al diputado federal por ser ambos panistas.

La palabra que utilizó Salinas al ver los vídeos fue “devastador”. Perredistas muy cercanos a AMLO recibían dinero para cerrar negocios. Distribuir las ganancias entre todos, como es “normal” en política. Es decir, corrupción.

Si a Salinas no se le puede comprobar el fraude de 1988, lo que muchos recuerdan y por eso está presente en el consciente colectivo es corrupto, igual que Bartlett.

En ese mismo nivel de corrupción se le mide al actual presidente. No se le estigmatiza por la escasa memoria colectiva nacional y porque hoy desde esa posición política regala dinero.

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