Ultras y centro

En el abanico o espectro político existe una gran variedad de colores o posiciones ideológicas.

Los extremos son radicales. La derecha, por lo general, es racista y clasista. La izquierda se distingue por actos terroristas. Ambas coinciden en el exterminio de sus opositores, y utilizan la fuerza o las armas.

Las posiciones ideológicas moderadas, tanto de derecha como de izquierda, usan el lenguaje para persuadir e intentar convencer y ganar aliados. La diferencia de estas izquierdas y derechas son que las primeras son utópicas y las segundas son sueños alcanzables.

Veamos países que se dicen socialistas. Rusia o China, ambas se basan en producción capitalista. El caso más evidente es China, a quien en México, se ha introducido en cualquier producto, ya sea suntuario o en presentación alimentaria.

Cuando conocemos a los chinos como artículo en la industria nos revela ínfima calidad. Cualquier pieza automotriz, por ejemplo. Esta característica de úsese y tírese es base de la economía capitalista. La neoliberal que en México se descalifica. No pasa lo mismo con productos de origen alemán o suizo. Desgraciadamente ahí tenemos a Hugo Boss en la moda actual y quien fuera diseñador de los uniformes nazis. Suena a contradicción, sin embargo, la cualidad de Boss es la elegancia, la imagen o la personalidad, que manejó el fascismo hitleriano.

La izquierda en la producción de lo que quieran no existe. Es más, tampoco se conoce a un país con producción socialista, simplemente porque prevalecen las clases sociales y la producción capitalista que es elaborar muchos productos alimentarios. No son dos clases como las conceptualiza Marx. Esta descripción es a lo que suena ser de izquierda contra derecha. Entonces, ser de izquierda es un intento; mientras que ser de derecha es más viable porque aspiras a ganar más dinero y vivir en confort. Tal y como muchos de izquierda también desean. A lo mejor esto sea rudimentario, pero puede ser una explicación.

La gente que se dice de izquierda lucha internamente por intentar pasar encubierto con sus compañeros. El de derecha lo manifiesta públicamente y por eso trabaja denodadamente.

En este nivel medio, ser de izquierda o de derecha, la característica entre uno y otro, es que el primero utiliza la demagogia y la farsa. El segundo le chambea. El de izquierda es de labia fácil. El de derecha se finca en habilidades del conocimiento.

Ya alejados de las posiciones ideológicas tanto el que se considera de izquierda como de derecha buscan formas de allegarse, tanto de habilidades como de información, para obtener una vida digna. Unos con lengua viperina y otros confirmando sus conocimientos puestos en práctica. Aquí brilla por su ausencia la posición ideológica. Se gana ser de derecha o de izquierda el lugar que te ofrezca trabajo. Esta es la neta.

Se convierte en ultra por desesperación o por carecer de objetivos alcanzables.

Ubicarse en el centro político es ser objeto de críticas, presiones y observaciones de los de izquierda como los de derecha. Y mantenerse en esta posición se requiere de independencia económica. Se puede ser empresario en pequeño o laborar en un centro de estudios. Aquí, afortunadamente prevalece la libertad de cátedra, lo cual se entiende como una extensión de las libertades que todavía existen en este país.

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