Quién fue, se pregunta Toño Gaspar

Vamos a realizar un ejercicio de deducción.

El juego, y, a veces en serio, se llama quién es el culpable?

Quién sabía de la nómina secreta? Respuesta solo los allegados, únicos beneficiarios.

Otra respuesta, un infiltrado de esos que aparecen en las películas, dicen tomadas de la vida real.

Un verdadero adversario, de esos románticos que desean que la política sea honesta. Nunca lo ha sido y no veo que lo vaya a ser. Se empieza, por ejemplo, con intrigas.

Un envidioso, comparó su bono y era menor a otro que ni siquiera trabajaba o que era familiar del primer alcalde.

No sé, se me ocurre, una amante. O incluso alguna ex esposa cuando quiso entablar otra demanda por pensión.

Seis regidores dieron la cara. Se enfrentaron públicamente al presidente municipal de Chilpancingo, Antonio Gaspar Beltrán y con documentos en mano exhibieron una nómina secreta. Esto ya deja de ser ficción.

Días antes Gaspar Beltrán solicitaba al gobierno federal una ampliación del presupuesto porque el 50 por ciento se gasta en salarios. Argumentó que el recurso alcanzaba para cubrir el sueldo de 2 mil empleados y la nómina era de 3 mil 200. Esos más de mil trabajadores le causaban un déficit.

Luego del destape de una nómina secreta nos revela que el ayuntamiento cuenta con recursos suficientes no solo para cubrir salarios, sino para otras necesidades.

Otra deducción política se dirige a que la semana pasada posó a un lado del ex gobernador, Ángel Aguirre Rivero. Alguien se molestó “por esa traición” y hoy le pasa la factura.

Esa nómina secreta también indica que otros ayuntamientos podrían estar efectuando el mismo método para justificar un salario decoroso, cuando en realidad cobran de manera exorbitante.

Un conocido llegó a ser director de una institución de educación media superior. Ganaba muy bien. Su familia no radicaba en Chilpancingo. Esa situación le abrió la oportunidad de conocer a varias mujeres. Finalmente conoció el amor y tuvo que alejarse de su primera esposa.

La mujer demandó pensión ante un juez. Mi personaje tuvo que presentar, en contubernio con el contador de esa institución y con el jefe de personal del entonces gobierno del estado, una nómina apócrifa donde constataba que apenas ganaba 8 mil pesos mensuales. Me falta agregar que se dice ser de ideología de izquierda.

La política, la real, la verdadera, la neta, carece de ideología. Es por interés.

Así que Antonio Gaspar tiene una deuda con alguien, ya sea de su propio equipo o de alguien quien se ha sentido traicionado.

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