Protesta, violencia o terrorismo

Algunas personas pertenecientes a la CETEG laceraron las instalaciones (equipo de oficina, principalmente) del Congreso del Estado.

Unos dicen que utilizaron una violencia excesiva. Otros opinan que implementaron un acto terrorista en el sentido de llamar la atención. Ellos dicen que solo están protestando enérgicamente porque no les cumplen en la Reforma Educativa.

Los diputados argumentan que aquí no es la instancia para remediar la problemática. Efectivamente no lo son; sin embargo, son un medio para gestionar o llevar la inconformidad.

Los maestros utilizaron un método violento el cual causa polémica. Percibo que la mayoría de la población está en desacuerdo, dado el ambiente que atravesamos.

De nueva cuenta no se escucha cuál es su propuesta educativa para abrogar cualquier modificación.

Unos manifestantes se cubrieron el rostro porque iban a realizar actos lesivos. Otros iban sin cubrirse porque, supongo, destrozaron bienes muebles. No lesionaron a ninguna persona.

Los reporteros fotografiaron “la actividad”, video transmitieron la protesta y ni estos ni aquellos impidieron su jornada.

Esta parte del magisterio se manifestó (creo que muchos no comparten este tipo de protesta) con el uso de la violencia (contra muebles como archiveros, sillas, computadoras y puertas) con tintes terroristas para magnificar su inconformidad.

La controversia, del tema educativo, tendría que darse en saber quién es el responsable de los contenidos del proceso enseñanza. O el gobierno o los maestros.

Si dijéramos que el gobierno, entonces estaríamos confirmando que todavía somos una sociedad con conciencia de nivel de kínder, porque no asumimos nuestra responsabilidad.

De igual manera si manifestáramos que los maestros son los encargados de la educación, nos lleva a escribir que seguimos siendo una sociedad que no asume su compromiso.

En cambio sí nos descubrimos que debemos ser partícipes (y realmente muchos padres –principalmente madres- lo son, todavía no son los millones que se quisiera) nos convertiríamos en ciudadanos; es decir, en un enjambre que exigiera que cada sector realice su actividad con decoro.

Por ejemplo, exigirle al profesor que vaya a clases y que se vea (en la revisión de tareas) el avance en los programas de estudio. Y que el gobierno provea de recursos al sector educativo.

Esa incidencia de los padres de familia sería realmente una transformación. Pero finalmente es una propuesta, o sea se queda, en mero discurso.

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