Poder requiere publicidad

Cualquier gobierno, del color o ideología que le pongan, necesita de los medios masivos de comunicación. Los impresos, electrónicos o digitales.

En una rápida revisión de gobiernos con inclinación socialista como Venezuela o Nicaragua, a su arribo al poder, lo primero que realizaron fue la coptación de la televisión y de la radio. Cuba concentró todo, hasta lo impreso. Y lo hacen porque son sistemas que cubren todo su territorio y es la manera más eficaz de llegar a los rincones inaccesibles y apartados.

Es normal que como poder se absorban. En países conocidos como democráticos, a diferencia de los descritos en párrafos anteriores, se da una convivencia. Porque se presume “libertad de expresión”.

Si un gobierno conocido como democrático toma represalias, justificadas o no, con medios de comunicación lo único que se provoca es un distanciamiento y que esos medios realicen una crítica hasta por el mínimo detalle. Esto es lo que ha sucedido con el actual mandatario mexicano.

Surge la venganza, de ambos lados. Los periódicos evitan darse el lujo de inventar información porque está de por medio la credibilidad. Pero critican “hasta errores humanos” de quien gobierna. En respuesta el gobernante, porque está dentro de sus facultades, retira convenios de publicidad.

Conclusión se construye un ambiente ríspido que a ninguno conviene. Al parecer la mejor beneficiada es la sociedad lectora porque conoce a detalle los equívocos del presidente, quien además todos los días se expone. Él solo se exhibe.

Como cualquier gobierno, el de Morena, tiene sus mass media preferidos. Como el periódico La Jornada o Canal 11 o el 22, según por sus contenidos acordes a lo que piensa el gobierno en turno. Sin embargo, ninguno de los tres mencionados tiene la cobertura que requiere un gobierno. No es inversión, es gasto.

Donde sí invierte es en la televisión con Televisa y TV Azteca, por su audiencia y cobertura. En estas dos, junto con La Jornada se ha presupuestado el 20 por ciento del recurso destinado a publicidad gubernamental. Un 18 por ciento a diversos medios como Radio Fórmula, Telefórmula y una empresa de medios de comunicación en Estados, entre otros. Un 2 por ciento a Milenio. Estas cifras dan un total de 53 por ciento

El 47 por ciento restante de este presupuesto se distribuye, supongo, a cientos de comunicadores que se concentran en redes sociales, en número son 447 personas. Los llamados influencers o youtubers, los cuales hasta el momento no han creado opinión pública, pero sí contienen a su auditorio cautivo. La “fórmula” de su éxito ha sido repetir lo que ha dicho el presidente o convertirse en bots. Y no han sido célebres por ausencia de criterio.

En fin. Quien tiene el poder decide en dónde se gasta o invierte el erario, para eso fue electo.

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