Pablo Amílcar Sandoval, Reforma y la mentira

Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros en estos días ha estado en la vorágine política.

Actualmente es el delegado federal en Guerrero. Fue diputado local y dirigente estatal de Morena.

Busca la candidatura a gobernador por Morena y sus principales “enemigos” son sus compañeros.

Lo acusan por ejemplo de haber dividido el actual Congreso Estatal de Guerrero. Si tenían mayoría simple, ahora con sus cuadros alcanza la cuarta parte.

Lo fraccionado de los legisladores morenistas, se lo quieren achacar al PRI o al gobernador, cuando en realidad lo que marca la diferencia es la ambición de los actores políticos del partido hegemónico en ese poder.

Sus propios compañeros lo acusan de utilizar a los servidores de la Nación con fines electorales. A mí me parece normal que hagan propaganda, pues sino es así ¿para qué tienen el poder?

Sin embargo, los morenistas pecan de honestidad a ultranza y califican el uso de recursos humanos y económicos como corrupción. Esa es su posición política y por eso lo acusan de deshonesto.

Le han mencionado, otra vez sus propios compañeros de partido, que ha utilizado recursos económicos de Comunicación Social del Congreso del Estado para enraizarse como candidato a la gubernatura.

Ha tenido problemas con la distribución del fertilizante en la entidad. Eso lo señalan diversas organizaciones campesinas y hasta en protesta han cerrado carreteras.

Recientemente surgió una propuesta en el partido Morena en el sentido de evitar que algunos funcionarios tengan ventajas sobre la militancia para contender por espacios políticos. Concretamente la iniciativa va dirigida a los delegados federales, quienes manejan grandes cantidades de dinero.

Viene a mi memoria las declaraciones de Ricardo Monreal, líder del Senado morenista, quien dijo que él veía a tres precandidatos a la gubernatura: Félix Salgado Macedonio (al parecer ya se venció), Nestora Salgado y Luis Walton. Ni siquiera se refirió a Pablo Amílcar.

Si bien Monreal no determina, por lo menos incide.

El periódico Reforma en su edición del 20 de julio informa de los bienes que posee Pablo Amílcar Sandoval, mismo que, dice el periódico, no se han dado a conocer en su declaración patrimonial.

Por la tarde, el delegado desmiente a Reforma, y mostró que sí dio a conocer en su declaración patrimonial esa casa. Calificó de calumniosa esa información debido a que lo ve como precandidato a la gubernatura.

Lo que me llama la atención es que si Pablo Amílcar tiene las pruebas de la “calumnia”, lo más práctico legalmente y de beneficio económico y político es que entable una demanda por difamación.

En ese nivel se vería quien tiene la razón o quien expuso la mentira.

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