La fuerza del presidente, o, a la fuerza

El poder del presidente en México era omnímodo. Tenía poderes plenipotenciarios ya sea legales además por usos y costumbres. Esto fue en la época del sistema de partido único.

Llegó la alternancia política (2000) y con ello la consolidación de la democracia.

El origen de la decisión de los votantes inicia en 1990 cuando se instala el Instituto Federal Electoral. Institución autónoma.

Miles han percibido que incluso con el IFE -hoy INE- ha habido manipulación de cualquier votación. En realidad esto es prácticamente imposible; tan lo es que recientemente ganó un personaje de izquierda. Un escenario absurdo para esos millones de incrédulos en la legitimidad del INE.

Aquellos poderes dionisiacos del poder ejecutivo federal se acotaron, precisamente, porque hubo excesos, abusos que se concretaron en la frivolidad. El ejemplo más claro fue el sexenio de José López Portillo. Aunque la sociedad quedara tumefacta, “el señor”, decidía.

Los poderes legislativos se convirtieron en contrapeso político del poder ejecutivo. Para ello se legisló. Quitaron de la Constitución “lo que usted diga, señor presidente”.

Modificaciones trascendentales para mejorar o empeorar la ruta del país tenía que ser aprobada por el poder legislativo con dos terceras partes de sus integrantes. Una de ellas, por ejemplo, fue la Reforma Educativa. Desde entonces debe ser así.

Ahora el presidente carece de muchas facultades epifánicas.

Que el poder ejecutivo haya borrado, por su cuenta, la Reforma Educativa, evidencia dos perfiles. a) desesperación y paralelamente escaso control (en este caso del sector magisterial) y, b) el autócrata que lleva dentro.

La otra fuerza, a la que acude el mismo presidente, es al concepto opinión pública para justificar sus modificaciones constitucionales.

La opinión pública presente varias acepciones. De acuerdo a la teoría periodística es la que se expresa a través de los medios de comunicación impresa y electrónica, ahora se contempla a las redes sociales.

Otra versión de opinión pública son los grupos de interés (empresarios, religión, política y militares) y de presión (sindicatos, organismos no gubernamentales) que se pronuncian en medios de comunicación.

Otro cariz de opinión pública es lo que se percibe, según dice la gente, el pueblo.

Efectivamente el pueblo, en estos días meses, le da la razón al presidente por su idolatría. Sin embargo, el poder ejecutivo tiene la obligación de enviar cualquier modificación constitucional para su aprobación o modificación al Congreso. Lo otro es una violación legal.

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