Juventud, alcohol y Covid

Todos , sin excepción, somos, fuimos o seremos jóvenes.

Cuando niños anhelamos ser joven; al ser adultos añoramos la juventud y al ser joven la vives, en ocasiones o fugazmente o con mucha intensidad. En otros momentos pasa desapercibida por consequir sustento familiar.

Es rarísimo que siendo joven no seas objeto de asociarte con el alcohol, cigarro o sexo. En la actualidad, desgraciadamente son drogas. Cada generación se caracteriza por sus hábitos o vicios.

En la década de los 50 fueron los tríos y el beso de mano. La siguiente década el baile rock and roll y fumar tabaco y ya aparecía el alcohol. En los setenta la libertad sexual, la marihuana y los hongos se acentúa bebidas embriagantes; entra en debate lo colectivo frente al individuo. En los 80 surgen drogas dependientes con los manías/mimos anteriores. Los siguientes 10 años se suman las relajaciones del internet. En el nuevo siglo desaparece la comunidad y florece lo individual. En esta segunda década el sujeto prevalece sobre el trabajo en equipo más todo lo descrito.

El alcohol era tema de adultos mayores en década 50-60. Y cada vez fue insertándose a edades tempranas. Hoy lo cosumen, para infortunio, adolescentes de secundaria. El tabaco circula en niños de primaria. Aflije verlo como normal.

Al iniciar la segunda década del siglo de la tecnología apareció la pandemia mundial. En las anteriores “enfermedades” eran continentales o por regiones. La pandemia tecnológica de inmediato se investigó causas y crearon las vacunas para intentar detener el contagio. Un virus invisible.

En estos días se ha vacunado a jóvenes entre los 30 y 40 años de edad. Y muchos de ellos, primero se sintieron inmunes; luego asintomáticos, por lo tanto portadores. Derivó en muertes de abuelitos. Ahora ya vacunados, muchos desobedecen indicaciones de alejarse del consumo de alcohol o drogas por tres semanas. Festejan -cualquiera se alegraría- pero alcoholizándose. La consecuencia es desastroza porque disminuye la eficacia de la protección. Incluso llega a provocar reacciones negativas como depresión y ansiedad. Pero muchos de ellos no lo saben. Esto sí que debería ser alarmante.

Realicé un recuento de vicios/virtudes generacionales en este ejercicio; pero el más acuciante es la ausencia del método de la lectura.

Lo jóvenes del mundo moderno oyen, pero no escuchan; leen temas banales y muchos de ellos adolecen de buena ortografía. Sin esta última característica difícilmente tendrán placer por la lectura. ¿A dónde iremos?

Todos , sin excepción, somos, fuimos o seremos jóvenes.

Cuando niños anhelamos ser joven; al ser adultos añoramos la juventud y al ser joven la vives, en ocasiones o fugazmente o con mucha intensidad. En otros momentos pasa desapercibida por consequir sustento familiar.

Es rarísimo que siendo joven no seas objeto de asociarte con el alcohol, cigarro o sexo. En la actualidad, desgraciadamente son drogas. Cada generación se caracteriza por sus hábitos o vicios.

En la década de los 50 fueron los tríos y el beso de mano. La siguiente década el baile rock and roll y fumar tabaco y ya aparecía el alcohol. En los setenta la libertad sexual, la marihuana y los hongos se acentúa bebidas embriagantes; entra en debate lo colectivo frente al individuo. En los 80 surgen drogas dependientes con los manías/mimos anteriores. Los siguientes 10 años se suman las relajaciones del internet. En el nuevo siglo desaparece la comunidad y florece lo individual. En esta segunda década el sujeto prevalece sobre el trabajo en equipo más todo lo descrito.

El alcohol era tema de adultos mayores en década 50-60. Y cada vez fue insertándose a edades tempranas. Hoy lo cosumen, para infortunio, adolescentes de secundaria. El tabaco circula en niños de primaria. Aflije verlo como normal.

Al iniciar la segunda década del siglo de la tecnología apareció la pandemia mundial. En las anteriores “enfermedades” eran continentales o por regiones. La pandemia tecnológica de inmediato se investigó causas y crearon las vacunas para intentar detener el contagio. Un virus invisible.

En estos días se ha vacunado a jóvenes entre los 30 y 40 años de edad. Y muchos de ellos, primero se sintieron inmunes; luego asintomáticos, por lo tanto portadores. Derivó en muertes de abuelitos. Ahora ya vacunados, muchos desobedecen indicaciones de alejarse del consumo de alcohol o drogas por tres semanas. Festejan -cualquiera se alegraría- pero alcoholizándose. La consecuencia es desastroza porque disminuye la eficacia de la protección. Incluso llega a provocar reacciones negativas como depresión y ansiedad. Pero muchos de ellos no lo saben. Esto sí que debería ser alarmante.

Realicé un recuento de vicios/virtudes generacionales en este ejercicio; pero el más acuciante es la ausencia del método de la lectura.

Lo jóvenes del mundo moderno oyen, pero no escuchan; leen temas banales y muchos de ellos adolecen de buena ortografía. Sin esta última característica difícilmente tendrán placer por la lectura. ¿A dónde iremos?

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