Familia en política; Nepotismo

Que los familiares cobren en nómina o que los ubiquen en puestos de un gabinete, son asuntos hasta cierto punto normales en la política.

El sexenio de la frivolidad con José López Portillo selló ese nepotismo. Su hijo fue designado subsecretario. El, entonces todo poderoso, podía abusar del poder.

Con la alternancia las reglas se fueron modificando. Es cierto, las reformas han sido paulatinas, pero existen cambios. No se puede borrar del pragmatismo político que esas leyes, en muchas ocasiones, son letra muerta.

Solo la denuncia, con pruebas, podrían echar abajo las anomalías.

El nepotismo, dijo la candidata electa de Acapulco, Adela Román, no tendrá cabida en su gabinete. La declaración se dio luego de que se sospechara de esos supuestos. Los rumores crecieron.

El nepotismo se asemeja a un fraude, a una carencia de honestidad. Y esta cualidad deteriora la imagen de un gobierno porque simplemente está engañando a sus gobernados.

El gobernantes debería incluir en su administración a personal o que tenga el perfil profesional o que haya ganado experiencia en el espacio asignado.

El nepotismo, incluso como delito (eso lo dicen las leyes) incluye a hijos, sobrinos, tíos, esposa o cónyuge y hasta tataranietos. Además, los yernos caen en este supuesto. Contempla incluso a los amigos.

Deja de ser nepotismo cuando los nombrados en la administración o gabinete presentan documentos que avalan experiencia o perfil académico.

Adela Román al cumplir su palabra ganará credibilidad. Y si llegaran a cumplir con la sociedad bajo el supuesto de que nombró a gente proba y preparada, obtendrá legitimidad.

De lo contrario no conservarán la presidencia y tampoco llegarán a la gubernatura. Dependen de su desempeño. El ejemplo lo ha mostrado Evodio Velázquez Aguirre a quien se percibe como pésimo presidente municipal.

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