Blasfemia, tema gasolina

En tiempos de campaña se entiende el uso de la propaganda.

Hubo millones crédulos. Entre otros temas, aunado a este del gas, le apostaron a “algo” nuevo, diferente.

Muchos estuvieron conscientes del cambio y resignados comentaban “ya les toca a otros venir a robar”.
Han llegado los nuevos, otros; sin experiencia y muchos de ellos con ganas y paralelamente con odio y rencor. Unos le califican de justicia, otros de avasallamiento. Cada cual desde su perspectiva.
Ganaron, si. Así es la democracia. Y como cualquier evento de “guerra” existe un vencedor y un derrotado.

En esta ocasión no hubo sangre de por medio. Me refiero al evento electoral. Aquel tema, quien se ha manchado de rojo, se ubica como inseguridad.

Ganaron por haber persuadido con un discurso. Palabras alentadoras, o como se calificaron llenas de esperanza.

Promesas, en eso van a quedar. En ofertas. Y vea usted sino.

La senadora Rocío Nahle, y futura secretaria de Energía dijo, a través de un programa radial: el precio de la gasolina no va a descender. La iniciativa, explicó, era quitar el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios y con ello bajar la tarifa hasta el 60 por ciento.

Para disfrazar “el cambio” ahora va a continuar el impuesto y los recursos se destinarán a la construcción de refinerías.

Evidentemente lo pueden hacer, son mayoría. Habrá sectores pensantes que interpretarán la variación como blasfemia.

Respecto a la contemplación política, podrán decir que la medida de contener el precio de la gasolina no afecta a la mayoría, pues esta carece de automóvil.

Sin embargo, esos sectores ahora afectados y que fueron soñadores, van de retorno a la realidad. Van a sentir que fueron utilizados, engañados.

No es lo mismo ubicarse frente al escritorio en comparación con sentarse en la silla a tomar decisiones.

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