Austeridad

Austero es sinónimo de sencillo. Si se compara, por ejemplo, con un autómovil, lo austero puede ser simple.

Al retomar el concepto con el servicio público es simplemente mediático. Es decir, declarar austero es para engañar.

En el caso del auto el austero presenta un motor de la misma velocidad que el sofisticado; sin embargo, los vidrios no son eléctricos, las cubiertas de los sillones son toscos, la antena del radio es visible, carece de bolsa de aire contra accidentes, la llave del switch deja de ser a control remoto para abrir o cerrar puertas y vidrios, los rines son convencionales. Trae defroster, pero no aire acondicionado.

Dirían los jóvenes “ciertos detallitos” que acorrientan la presentación.

No es cómodo el carro, no obstante lleva y trae.

La austeridad en un gobierno puede llegar a una pésima atención. Porque los salarios van a dejar de ser atractivos, y, peor, si los viáticos van a ser cubiertos del salario del funcionario. En este ambiente de austeridad se pone a prueba el dicho que esgrimen los políticos profesionales de: “la política es de servicio a la sociedad y no para servirse”.

Los mismos servidores públicos solo sueltan la frase anterior a la opinión pública para desviar la atención.

En verdad no creo ni un tantito que vayan a “disminuir los salarios de los funcionarios, como tampoco que los viáticos vayan a ser descontados de su salario”. Lo que se va a realizar es un montaje. Van a dar a conocer a la opinión pública una nómina con salarios austeros y van a entregar otra nómina de las llamadas secretas para ajustar los descuentos. Así cumplen con la transparencia y mantendrán salarios atractivos.

La austeridad es engañosa. Como lo ha sido el discurso del presidente en casi tres años. El argumento del uso de la mentira lo desmenuzó el Washington Post al contarle 60 mil mentiras en cerca de 550 intervenciones totales, día a día le gana fantasear.

En gobiernos priistas lo hacían y los nuevos de morena lo van a seguir realizando.

Va la narración.

Un conocido que hoy se asume de izquierda y morenista a carta cabal se califica de honesto e incuestionable. Dice que lo ha sido honesto toda la vida.

En un periodo de alternancia (perdió el partido hegemónico frente a otro) le dieron la oportunidad de dirigir una oficina. Pertenecía a la generación del cambio.

Al transcurso de dos años el “jefe” ya tenía de amante a una secretaria. Su familia (esposa e hijos) vivían en otra ciudad. La señora sospechaba de la infidelidad, carecía de pruebas.

Signos evidentes. El esposo no contestaba celular por las noches y los fines de semana familiares se hicieron esporádicos.

Llegaron comentarios a oídos de la esposa. La distancia a los chismes se quebró. Apareció la dama una tarde en la oficina del esposo. Ahí le espicificaron que había ido a comer. Subió al taxi y pidió que la llevaran a donde le indicaron. Los sorprendió.

En aquel tiempo ya existía telefonía celular -como lo escribí líneas arriba-. No whatsapp.

Desde una esquina del pequeño lugar la señora llamó y vio que su esposo observó quien llamaba. No contestó y guardó el celular en la bolsa del pantalón. Tomó la mano de su acompañante.

Por prudencia se retiró la engañada. Evitó el escándalo público. Respetó la infidelidad y el estatus del funcionario.

Cuando coincidio el matrimonio fìsicamente brotaron las reclamaciones. Él negaba, todo. El préterito de ambos resurgió; las malas palabras y las amenazas rebotaron en las paredes de la casa. Algunas sillas y platos protestaron y pasaron a ser añicos. Lo estridente salió de casa. Contaminó el vencidario.

En medio del vocerío asomó la propuesta “divorcio”. Sale, fue la aceptación.

Pasaron días, semanas. Silencio entre el matrimonio fallido. Cada abogado era interlocutor. La señora solicitaba pensión para los estudios de los hijos. Él, hombre formado en la izquierda incorruptible, aceptó el 30 por ciento de su salario. No había mayor problema. Hasta…

Que se presentaron documentos. La oficina del infiel entregó un expediente con números de cuatro cifras que representaba el salario quincenal. O sea menos de 10 mil quincenales. Que escribo esta cantidad. Se informó “oficialmente” una percepción de apenas 4 mil cada quince días. ¡Inconcebible! Ella sabía que ganaba casi el quintuple porque se lo había manifestado en una noche de placer. Con ese dinero habían concebido planes.

El abogado de la señora no pudo conseguir pruebas del salario real del ex esposo.

Así son los que se dicen de izquierda. Quienes se dicen incorruptibles.  Por supuesto, ahora los hijos lo ven porque es el padre; pero saben que les falló en momentos cruciales de su formación académica.

Los hijos confiesan: “es mi papá; pero no es buen ejemplo”.

Colofón. Estos que se dicen incorruptibles y honestos por los cuatro costados y se asumen de izquierda, podrán engatusar a sus segudiores; empero, sus acciones desilusionan a sus progenitores y descendientes (esto es moral, y al parecer no cuenta). Son iguales a sus antecesores o peores.

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